14 Febrero 2008

Pinchando en la imagen hacemos el viaje a la nueva casa.
Nos cambiamos de casa. En esta dejaré la puerta abierta para que paséis cuando os apetezca, y porque me es casi imposible llevarme todo al nuevo hogar. Espero que no os cueste mucho cambiar la dirección. Besos, y continuamos. Salud y avantipopolo banderarossa.
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12 Febrero 2008
Hallada en el baño de un restaurante de baja calidad en un barrio popular de Rawalpindi, Pakistán. Escrita en perfecto francés. Autor anónimo.
Dirigida a quien quiera leerla (pero especialmente a los ciudadanos del Norte).
No soy blanco.
Aclaro esto desde un principio para que se entienda bien quién escribe esto, y por qué lo escribe. No ser blanco significa que no pertenezco a ese 30 por ciento de privilegiados –si es que así se le puede llamar– que no se siente discriminado por el simple hecho de tener un determinado color de piel. No ser blanco, es decir: ser oriental, negro, indio, árabe, mestizo o todo tipo de combinación que se desee, es ya un estigma imposible de borrar. Los que sufrimos este estigma, los que padecemos esa pesada carga día a día, somos muchos, muchísimos.
Somos, especialmente, los que vivimos en el Sur. Y representamos mucha gente, la enorme mayoría de la población del mundo. Es muy impreciso decir "el Sur", por supuesto. Pero da una idea bastante aproximada del problema en ciernes: ser del Sur es, en términos generales, no ser blanco y formar parte de ese 70 por ciento de población planetaria que vive en condiciones infrahumanas, que no sabe si al día siguiente va tener para comer, que no sabe cuándo va a desencadenarse la próxima guerra, ni por qué. Ser del Sur es formar parte del enorme grupo de los que no saben leer ni escribir –y que constituye nada más y nada menos que casi un 50 por ciento de la Humanidad–. Ser del Sur significa que en un 50 por ciento de los casos se sufre desnutrición. Sí, sí como lo están leyendo: ¡desnutrición! Desnutrición en un mundo que se permite gastar cantidades demenciales de dinero en armas, o en productos innecesarios, un mundo que produce el doble de la cantidad de alimentos necesarios para alimentar perfectamente a todos sus habitantes, pero que dadas las injusticias reinantes condena de hambre a una inmensa cantidad de seres humanos. Un mundo en el que un perrito de un hogar término medio del Norte come un promedio anual de carne roja superior a un habitante de nuestras tierras. Ser del Sur es no saber si mañana se podrá morir de hambre, picado por una víbora venenosa o por haber pisado una mina antipersonal de las que dejan los interminables conflictos que barren nuestros países. Ser del Sur es vivir resignado ante las catástrofes naturales que periódicamente nos golpean, produciendo devastación entre nosotros y sólo problemas manejables en el Norte –con lo que se evidencia que esas catástrofes no son precisamente tan "naturales"–; es vivir sabiendo que en cualquier momento se puede pasar a ser un refugiado por algún conflicto militar que estalle y en el que no tenemos ninguna participación pero que nos fuerza a salir huyendo despavoridos; es poder pasar a ser un ilegal despreciado si se intenta escapar de tanta miseria marchando al Norte, que nos recibe con indiferencia… y muros de contención electrificados, metralla y perros guardianes –si logramos sobrevivir al viaje para llegar allá, claro–. Ser del Sur es no ver la luz al final del túnel.
Leer completa (Rebelión)
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8 Febrero 2008

"Aplicame La Zapatilla"
Hola Geli, ¡que pequeño se va haciendo el mundo! Besos desde Madrid. Y No Surrender, claro.
Max,
"De la cobardía"
Paseo el manojo de llaves -es como la bola de los antiguos condenados- y la cobardía moral del vigilante asalariado por los rincones de la oficina. La cobardía, pese a mis constantes empeños, no se borra. Ser cobarde, timorato y temeroso, como la sintaxis, es también una facultad (una impostura) del alma. Repaso distraído libros y papeles varios. El negocio del libro debe ser ruinoso, sospecho, pero mientras aporte -Bourdieu dixit- capital simbólico (capital cultural) y pueda ser usado como valor de cambio, existirá. Oigo hablar del libro electrónico (creación de nuevas necesidades, pequeñas tecnologías domésticas) y recuerdo que el papel encuadernado, casi el libro actual, lleva más de cinco siglos. Cierro los ojos y duermo. Me quemo los dedos (y me asusto) con un cigarrillo. Sobre la mesa de Península, vampiro de los despachos ajenos, voy y vengo, cruzo las horas nocturnas, leo un excelente artículo de André Schiffrin publicado en la edición española de Le Monde Diplomatique, octubre 2007. A su lado, para otro día, un libro del mismo (y famoso) editor: A political education. Coming of age in Paris and New York. Dos ciudades, dos formas de ver el mundo: farolas y neones. París era una fiesta (o casi) y en Nueva York reinaba la mafia. Sinatra cantaba en los clubs nocturnos ante risueños italo-americanos, Piaf cantaba donde podía. Un día de estos tiraré las llaves por el hueco del ascensor. Schiffrin era un niño que jugaba feliz con sus soldaditos -es la fotografía que aparece- y de repente, igual que llega la noche en el campo, aparecieron los nazis vestidos de gris, vestidos de verde, vestidos de negro, por los Campos Elíseos.
"El blog del editor. Península"
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6 Febrero 2008

RAWA, La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, se formó en Kabul, Afganistán, en el año 1977, como una organización política independiente de mujeres afganas en lucha por los derechos humanos y por la justicia social en Afganistán. Las fundadoras fueron un grupo de mujeres intelectuales bajo el sagaz liderazgo de Meena, que fue asesinada en 1987 en Quetta, Paquistán, por agentes afganos de la entonces KGB en complicidad con la banda fundamentalista de Gulbuddin Hekmatyar. El objetivo de RAWA era involucrar al mayor número posible de mujeres afganas en actividades sociales y políticas encaminadas a conseguir los derechos humanos para las mujeres y contribuir a la lucha por el establecimiento de un gobierno basado en los valores democráticos y seculares en Afganistán. A pesar de la sofocante atmósfera política, RAWA se involucró rápidamente en un gran número de actividades en diversos campos sociopolíticos, incluyendo educación, salud, economía (generación de ingresos) así como también en las manifestaciones políticas.
Antes del golpe de estado en abril de 1978 en Afganistán, dirigido por Moscú, las actividades de RAWA se limitaron a movimientos en pro de los derechos humanos y la democracia, pero después del golpe de estado y especialmente después de la ocupación soviética en diciembre del 1979, RAWA se involucró directamente en la guerra de resistencia. A diferencia de la absoluta mayoría de los fundamentalistas islámicos tan cacareados "luchadores de la libertad" de la resistencia antisoviética, RAWA, desde el comienzo, abogaba por la democracia y el secularismo. A pesar de los horrores y la opresión política, el llamado e influencia de RAWA creció durante los años de ocupación soviética y un creciente número de activistas de RAWA fue enviado a trabajar entre las refugiadas en Paquistán. Con el propósito de satisfacer las necesidades inmediatas de las mujeres y niños refugiados, RAWA estableció escuelas con residencia para niños y niñas y un hospital en Quetta con equipos móviles, para niños y mujeres refugiadas. Además, dirigió cursos de enfermería, de alfabetización y de formación vocacional para mujeres.
El sello característico de las actividades políticas de RAWA ha sido la organización de manifestaciones contra los invasores soviéticos y sus esbirros y, más tarde, contra los fundamentalistas, así como la implacable denuncia de su traición y de los terribles crímenes cometidos. Como consecuencia de la lucha y campaña antisoviética, los soviéticos y sus secuaces condenaron a RAWA a la aniquilación, y los fundamentalistas islámicos descargaban su ira en esta organización por las ideas prodemocráticas, pro-seculares y antifundamentalistas. La actitud intransigente de RAWA contra estos dos enemigos del pueblo nos ha costado cara, y da fe de ello el martirio de la líder fundadora y un gran número de activistas clave. Sin embargo, en RAWA, a pesar de los golpes mortales recibidos, seguimos lealmente en pie y mantenemos nuestros principios.
Con el propósito de propagar nuestra visión y objetivos, y de concienciar a las mujeres afganas sobre sus derechos y potencialidades, RAWA creó en el año 1981 una revista bilingüe (Persa/Pashtún) Payam-e-Zan (Mensaje a la Mujer). La publicación de esta revista continúa y se publica también en Inglés y Urdu para quienes no hablan ni Persa ni Pashtún.
Desde la expulsión en 1992 del régimen marioneta instalado por los Soviéticos, la lucha política de RAWA se ha centrado en oponerse a las políticas criminales fundamentalistas y ultrafundamentalistas Talibanes y atrocidades cometidas contra el pueblo afgano en general y en especial su increíble orientación ultramachista chauvinista. Pese a los retos políticos que enfrenta RAWA, tenemos por delante un gran trabajo social y de apoyo a mujeres y niños inimaginablemente traumatizados. Desafortunadamente, por ahora no contamos con el apoyo de ONGs y gobiernos internacionales, por cuanto no podemos ejecutar los proyectos humanitarios tan eficientemente como quisiéramos debido a falta de fondos.
La "Guerra contra el Terrorismo" desatada por EEUU, derrocó al régimen Talibán en el 2001, pero no al fundamentalismo religioso, principal causa de todas nuestras desgracias. De hecho, al reinstalar a los caudillos al poder en Afganistán, el Gobierno de EEUU ha reemplazado un régimen fundamentalista por otro. El gobierno de EEUU, y el Sr. Karzai mayormente confían en líderes criminales de la Alianza del Norte, tan brutales y misóginos como los Talibanes.
En RAWA creemos que no se puede donar la libertad y democracia; es el deber de una nación luchar por estos valores. Bajo el gobierno apoyado por EEUU, los enemigos declarados contra los derechos humanos, democracia y secularismo han prendido sus garras en nuestro país y pretenden restaurar su fascismo religioso en nuestro pueblo.
El problema de Afganistán no se solucionará mientras los fundamentalistas existan como fuerza militar y política en nuestra herida tierra. La misión de RAWA por los derechos humanos no terminará y tenemos que trabajar duro para establecer un Afganistán independiente, libre, democrático y secular. Por ello, también necesitamos la solidaridad y apoyo de todos los pueblos del mundo.
RAWA
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5 Febrero 2008

Foto/collage: Pedro A. Martín
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4 Febrero 2008
El Café Central, situado en la planta baja del palacio Ferstel, en la Herrengasse, es uno de los establecimientos más célebres de Viena. En el interior del café dominan la visión columnas pálidas, de retama mustia, que rodean al piano; al fondo, se aprecian dos retratos de los emperadores que llenaron la vida de la ciudad antes de la gran guerra. Es un recuerdo indulgente de la gloria y la miseria de la Viena imperial, donde había reinado durante medio siglo el emperador Franz Joseph, o Francisco José, un hombre inclinado a las tareas burocráticas, y de quien se afirmaba que el único libro que había leido en su vida era el que recogía la Lista de oficiales del ejército. Pero cada época es recordada de forma diferente por sus protagonistas: en los días amargos del exilio, cuando Stefan Zweig era un apátrida que había huido del nazismo, rememoraba la plácida Viena burguesa, llena de vida en sus calles y en sus teatros, repleta de tertulias en los cafés donde se discutían con pasión las noticias de los diarios y las nuevas ideas, aunque la ciudad tenía también otros escenarios, más sórdidos, llenos de pobreza. A este Café Central venía Zweig.
Todo el café tiene ese tono amarillento, como si el humo del tabaco se hubiera enganchado para siempre en sus paredes. Lámparas de grandes brazos y seis copas de luz rompen la oscuridad de las tardes tranquilas de invierno. Los sofás son circulares, tapizados en rojo. Cuando se entra en el establecimiento, a la derecha, se encuentra en los asientos del rincón número cuatro a Robert Musil, o, al menos, su fotografía y su memoria. Al fondo, se recuerda a Franz Werfel, justo al lado de la mesa donde se sentaba Hugo von Hofmannsthal, el poeta que fascinó a los jóvenes de la generación de Zweig. En el centro del café, bajo los retratos de los emperadores (ese Franz Joseph I, que nació en 1830 y reinó hasta su muerte en 1916, y la singular Sissi, que entretenía sus ocios escribiendo poemas espiritistas), reinaba Karl Kraus, dominando todo el espacio y la puerta de entrada, para ver a quienes llegaban. Los cuadros del Café Central que recuerdan al emperador y la emperatriz son copias, reducidas, de los originales del Hofburg que fueron pintados en 1865 por Franz Xaver Winterhalter, un retratista alemán de moda en el siglo XIX.
Desde la entrada, hacia la izquierda, se ven los lugares donde se sentaban Adolf Loos, Leo Perutz, y un escritor olvidado, oportunista y miserable, llamado Franz Carl Heimito Ritter von Doderer, que llegó a ingresar en el partido nazi para promocionar su obra entre los alemanes. Sin embargo, no se indica donde se sentaba Stefan Zweig: tal vez los propietarios no consideren relevante su nombre, ni su obra. Tampoco aparece ninguna referencia a Trotski, que también frecuentó el establecimiento, y que, según Claudio Magris, se pasaba todo el día en el café. Los cafés vieneses, con su servicio gratuito de prensa diaria, austriaca y de otros países europeos, eran para Zweig una institución única en el mundo: ¡proporcionaban a los clientes hasta revistas literarias y artísticas! Allí charlaba Zweig con sus amigos, discutía con Rilke, con Hofmannsthal, con Wassermann. Otros, como Robert Musil, Franz Werfel, Milena Jesenská, Hermann Broch y Joseph Roth, frecuentaban también el Herrenhof, y aún Freud, Klimt, Kokoschka, Otto Wagner, pasaban largas horas en el Café Museum.
Leer completo en Rebelión
"Franz Liszt"

Obra: Mª Jesús Gallego
Liszt comenzó su formación pianística a manos de su padre Ádám, a la edad de 6 años. Ádám se dio rápidamente cuenta del talento de su hijo y consiguió fondos de la nobleza para la educación del joven prodigio en Viena a manos de Karl Czerny, díscipulo de Beethoven y estudió composición con Antonio Salieri. Ádám había intentado previamente que Hummel fuese profesor de Ferenc pero los honorarios de éste eran demasiado para la familia Liszt. Czerny aceptó dar a Liszt clases gratuitas de forma diaria.
En 1823 se traslada a París y al acudir al conservatorio de la ciudad es rechazado por el director del centro, Luigi Cherubini, por la norma que él mismo había instaurado y que sólo permitía estudiar en el conservatorio de París a ciudadanos franceses (siendo él italiano). Este hecho provocó que Liszt y muchos otros no pudiesen entrar en el conservatorio y con él tiempo influenció en la debilitación de París como núcleo musical romántico trasladándose este hacia Alemania.
En París asistió a un recital del virtuoso del violín Nicolo Paganini, en 1831, impresionado por su técnica y presentación surgió en él la idea de revolucionar la técnica pianística. Liszt pasó años estudiando las posibilidades del piano del mismo modo que Beethoven lo había hecho en su juventud pero con un piano mucho más moderno y que evolucionaba año tras año sobre todo gracias a la investigación que la manufactura Érard dedicaba al instrumento con colaboración de pianistas y músicos de relieve como el propio Ferenc.
Liszt mantuvo una relación estable con la condesa Marie d'Agoult entre 1834 y 1844, con la que tuvo dos hijas y un hijo. Su hija Cosima llegaría a ser más tarde la esposa de Hans von Bülow primero y de Richard Wagner más tarde. En 1847 empezaría su segunda relación amorosa importante con la princesa Caroline von Wittgestein.
Entre 1840 y 1847 Liszt decide hacer giras de conciertos. En 1840 además inventa el recital de piano tal y como lo conocemos hoy en día. También empieza vagamente a desarrollar su faceta como director de orquesta. Sus viajes le llevan a conocer prácticamente toda Europa llegando a ciudades tan distantes como Sevilla y Moscú.
En 1847 Liszt aceptó el puesto de director musical del Duque de Weimar, aunque anteriormente ya había sido nombrado maestro de capilla para eventos extraoficiales y abandonó su carrera como virtuoso del piano. En los años en Weimar se centra en desarrollar su faceta compositiva y de esta época destacan entre otras su Sonata en Si menor para piano, sus poemas sinfónicos, su Missa Solemnis, la Fantasía y Fuga sobre el nombre de Bach y la revisión y edición final de numerosas obras como los Estudios de ejecución Trascendente o sus 2 conciertos para piano y orquesta.
En 1859 Liszt recibió en Roma las órdenes menores, pero nunca llegó al sacerdocio por la dedicación que éste cargo le hubiese exigido.
En los años 60 y 70 Liszt pasa la mayor parte de su tiempo componiendo obras corales y realizando cursos de impartición gratuita a un grupo muy selecto de músicos entre los que podemos destacar a Rosenthal, d'Albert o Sauer. A pesar del extendido tópico, Albéniz nunca fue alumno de Liszt. Ni tan sólo llegaron a conocerse. Liszt pasó los últimos años de su vida nuevamente en Weimar (entre 1869 y 1886). Retoma una intensa vida de viajes haciendo sus últimos conciertos y la composición de sus últimas obras que ya en esta época se encontraban en un estilo atonal muy alejado de sus primeras composiciones clásicas. Destacan como obras representativas de éste período "Nuages gris" o la "Bagatela sin tonalidad".
Liszt murió a los 75 años de edad en Bayreuth, durante el festival anual que Wagner (que había muerto en 1883) había creado.
Wikipedia
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1 Febrero 2008
Paladín del primer Romanticismo, atleta, después, del clasicismo grecolatino («al fin he comprendido el mármol», escribió tras su trascendental viaje a Italia). Motor, a toda máquina, de las dieciséis válvulas de la más urgente modernidad, masón, funcionario, científico, novelista, dramaturgo, poeta, enamorado, despechado, geólogo, óptico, químico, osteólogo, meteorólogo, conservador («prefiero la injusticia al desorden»), curioso profesional (y vocacional), poco o nada habría sido de la civilización occidental contemporánea sin el hercúleo esfuerzo intelectual de Johann Wolfgang von Goethe. Un intelectual de los de antes de la guerra (las napoléonicas), de los que ya no se hacen.
Lo pintó todo en nuestra cultura, y lo pintó también, pero al pie de la letra: pinceles en las manos, acuarelas y plumier. Y lo hizo en dos mil dibujos, setenta y cinco de los cuales han viajado hasta Madrid para instalarse en el Círculo de Bellas Artes, en la muestra «Paisajes», apasionante y apasionado recorrido por la obra gráfica del coloso cultural alemán. Muestra que ha comisariado Javier Arnaldo, con la coordinación de Hermann Mildenberger, conservador de la Klassik Stiftung Weimar. La exposición ha sido organizada por el Instituto Goethe, la embajada de Alemania, y el propio Círculo y cuenta con el alto patrocionio del Rey Don Juan Carlos y el Presidente Federal de Alemania, Horst Köhler.
«Que siempre me apaciento soñando en los fenómenos de la Naturaleza -escribía el autor de «Fausto» a Charlotte von Stein el 11 de agosto de 1777- y en el amor hacia usted puede verlo en lo que adjunto (un dibujo)». Durante cincuenta largos años Goethe no dejó de pintar en los ratos más o menos libres que le dejaba su hiperactivo cerebro, y su apretada e ilustradísima agenda. Pintó paisajes y marinas, campos y campanarios, trazó estudios de las nubes, de las rocas y hasta elaboró su propia teoría de los colores, porque nunca quiso morder de la manzana de Newton al respecto. Nunca entendió la pintura como una actividad profesional (aunque por lo esbozado en la muestra se habría ganado más que bien la vida) sino que fue un «fotógrafo» al filo de la actualidad.
«Sentimiento y naturaleza» es la primera estación de este apasionante viaje, y en ella Goethe retrata paisajes de Sajonia y Hessen. «Nocturnos» es la siguiente etapa (paisajes bajo la luz de la Luna), y «El todo visible» el siguiente paso, una zancada con la que el poeta alemán se nos descubre también como avezado senderista con sus detallados dibujos del paisaje de la montaña. «El apacible y espléndido instante, el entero mundo envuelto en nubes y niebla, y arriba todo serenidad» escribe en sus diarios (10 de diciembre de 1777).
Entre 1786 y 1788 Goethe viajó a Italia, se cayó del caballo de sus furias románticas y atisbó la luz del clasicismo, sin perderse por ello detalle de los telúricos paisajes volcánicos de Sicilia. En el apartado «Conocimiento y visión» el genio alemán se muestra como un filósofo de la Naturaleza, que también se detiene y maravilla ante la formación de cúmulos y cirros, al tiempo que aborda «El paisaje como poema», título del último escenario de la exposición.
Unas jornadas («Goethe: Naturaleza, arte y verdad»), un Congreso y un ciclo de cine (con joyas de Mélies y Murnau) redondean una muestra que va a ser de faustísimo recuerdo.
ABC
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1 Febrero 2008
Hay una verdadera parafernalia para lograrlo en EE.UU. y el remedio es sencillo: consiste en criminalizar y más, en patologizar a los jóvenes norteamericanos rebeldes, disconformes con el autoritarismo y que lo retan. Se los considera trastornados mentales y carne de tranquilizantes, anfetaminas y otras sustancias psicotrópicas. La Asociación Estadounidense de Psiquiatría bautizó el presunto padecer en 1980: porta el nombre de desorden de oposición desafiante (ODD, por sus siglas en inglés) y no se aplica a los delincuentes juveniles. Más bien a quienes no incurren en actividades ilegales, pero muestran "un comportamiento negativo, hostil y desafiante". Los síntomas incluyen "desafiar o negarse activamente a cumplir las demandas y normas de los adultos" y "discutir a menudo con ellos". Son definiciones oficiales de la Asociación (
alternet.org, 28-1-08).
El especialista en salud mental Bruce E. Levine indica que sus colegas estadounidenses no toman en cuenta que un medio opresivo suele originar esa clase de rebelión juvenil y la "curan" con drogas. Las grandes empresas farmacéuticas, muy agradecidas. Como señalara Fernando Savater, la tendencia a considerar "enfermos" a quienes se comportan de manera "excéntrica, vituperable o peligrosa... es una tradición bien documentada desde comienzos de nuestra época moderna y racionalista" (Clarín, 31-10-04). Existe en EE.UU., desde luego. John Adams, su segundo presidente y uno de los Padres Fundadores del país, promulgó en junio de 1798 cuatro leyes de eterna duración: a) el plazo para optar por la ciudadanía estadounidense se amplió de 5 a 14 años de residencia; b) el presidente puede deportar a los extranjeros "peligrosos" según su soberana voluntad; c) el presidente puede expulsar o encarcelar a extranjeros enemigos en tiempos de guerra; d) toda conspiración contra el gobierno, incluyendo los disturbios, es un delito mayor. Otro Padre Fundador, el médico presbiteriano Benjamin Rush, diagnosticó en 1813 que la rebelión contra la autoridad federal centralizada es "un exceso de pasión por la libertad" y que "constituye una forma de insania". En 1851, el Dr. Samuel Cartwright descubrió la "drapetomanía", mal que, según él, provocaba en los esclavos el deseo de huir, y también lo que llamó dysaesthesia aethiopis, enfermedad que impedía que los esclavos prestaran la debida atención a las órdenes del amo. No había esclavitud, había enfermedades. Hoy sucede lo mismo.
El gobierno estadounidense necesita una juventud sumisa, dispuesta a sacrificar su vida en cualquier guerra que a la Casa Blanca se le antoje, y que no participe en pujas "subversivas" como los movimientos por la paz o en defensa de los derechos humanos. Drogas aparte, el Pentágono ha tomado medidas para evitar esos "peligros", particularmente en las universidades, cuna del rechazo a la guerra de Vietnam. La ley de prevención de la radicalización violenta y del terrorismo en el país, aprobada por la Cámara de Representantes, está destinada precisamente a los campus. La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) ha revelado que el Pentágono acumulaba, en 2006, 186 expedientes de "protestas antimilitares" –algunas calificadas de "amenazas probables"– de grupos universitarios (The Nation, 25-1-08).
Los cuerpos policiales de dos tercios de las universidades cuentan –según el Departamento de Justicia– con un arsenal que incluye desde balas de goma y proyectiles de pimienta hasta rifles y armas semiautomáticas, aunque suelen más bien utilizar paralizantes eléctricos, esos parientes de la picana eléctrica, para reprimir manifestaciones. La "guerra antiterrorista" impulsó a incrementar la vigilancia en los campus mediante incontables circuitos cerrados de televisión, que se decuplicaron desde el 11/9. La industria electrónica y otras, muy agradecidas. Por lo pronto, el Departamento de Educación y el FBI han confeccionado una base de datos que registra a los 14 millones de estudiantes que solicitaron cada año becas en el período 2001-2006. ¿La razón? Identificar a "gente de interés" por su posible vinculación con alguna "actividad terrorista". Los estudiantes extranjeros gozan de una vigilancia especial: el Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en inglés) lleva registrado el nombre de más de 4,7 millones de ellos, aunque sólo uno de cada veinte indocumentados ingresa en la universidad. Algunos carecen de medios y otros tienen buenas razones para no hacerlo: no pocos fueron deportados antes de graduarse. Pero no todos los estudiantes son candidatos a demonio para el DHS: otorga becas a alumnos y profesores para "promover una cultura de la seguridad interior en la comunidad académica" y ha fundado seis centros de excelencia en la materia (www.dhs.gov). Se trata de crear "un capital intelectual" contra el terrorismo. Más bien parece que el DHS se aplica a controlar estrictamente todo capital intelectual.
Rebelión
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