La Coctelera

Categoría: Música

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"Aplicame La Zapatilla"


"Aplicame La Zapatilla"

Hola Geli, ¡que pequeño se va haciendo el mundo! Besos desde Madrid. Y No Surrender, claro.
Max,


"De la cobardía"
Paseo el manojo de llaves -es como la bola de los antiguos condenados- y la cobardía moral del vigilante asalariado por los rincones de la oficina. La cobardía, pese a mis constantes empeños, no se borra. Ser cobarde, timorato y temeroso, como la sintaxis, es también una facultad (una impostura) del alma. Repaso distraído libros y papeles varios. El negocio del libro debe ser ruinoso, sospecho, pero mientras aporte -Bourdieu dixit- capital simbólico (capital cultural) y pueda ser usado como valor de cambio, existirá. Oigo hablar del libro electrónico (creación de nuevas necesidades, pequeñas tecnologías domésticas) y recuerdo que el papel encuadernado, casi el libro actual, lleva más de cinco siglos. Cierro los ojos y duermo. Me quemo los dedos (y me asusto) con un cigarrillo. Sobre la mesa de Península, vampiro de los despachos ajenos, voy y vengo, cruzo las horas nocturnas, leo un excelente artículo de André Schiffrin publicado en la edición española de Le Monde Diplomatique, octubre 2007. A su lado, para otro día, un libro del mismo (y famoso) editor: A political education. Coming of age in Paris and New York. Dos ciudades, dos formas de ver el mundo: farolas y neones. París era una fiesta (o casi) y en Nueva York reinaba la mafia. Sinatra cantaba en los clubs nocturnos ante risueños italo-americanos, Piaf cantaba donde podía. Un día de estos tiraré las llaves por el hueco del ascensor. Schiffrin era un niño que jugaba feliz con sus soldaditos -es la fotografía que aparece- y de repente, igual que llega la noche en el campo, aparecieron los nazis vestidos de gris, vestidos de verde, vestidos de negro, por los Campos Elíseos.

"El blog del editor. Península"

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"Jazzuela"


Temas:
1-Frank Trumbauer And His Orchestra I'm coming Virginia. 2-Bix Beiderbecke And His Gang Jazz me blues. 3-Kansas City Six Four o'clock drag. 4-Lionel Hampton & His Orchestra Save it pretty Mamma . 5-Coleman Hawkins Body and soul. 6-Dizzi Gilespie And His Orchestra Good bait. 7-Bessie Smith Baby doll. 8-Bessie Smith Empty bed blues. 9-Louis Amstrong And His Orchestra Don't you play me cheap. 10-Louis Amstrong's All Stars Yellow dog blues. 11-Louis Amstrong's All Stars Mahogany hall stomp. 12-Big Bill Broonzy See see rider. 13-The Chocolate Dandies Blue interlude. 14-Champion Jack Dupree Junker's blues. 15-Big Bill Broonzy Get back. 16-Duke Hellington And His Orchestra Hot and bothered. 17-Duke Hellington And His Orchestra It don't mean a thing. 18-Earl Hines I ain't got nobody. 19-Jelly Roll Morton Mamie's blues. 20-Warning's Pennsylvanians Stack O'Lee blues. 21-Tenderly Oscar's blues.


"Sucede además que por el jazz salgo siempre a lo abierto, me libro del cangrejo de lo idéntico para ganar esponja y simultaneidad porosa."
(Julio Cortázar en las tumbas de saint-denis)

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"Una canción, un collage y un libro"


"Cold cold ground" de Tom Waits
Crest fallen sidekick in an old cafe / Never slept with a dream before he had to go away / Theres a bell in the tower / Uncle ray bought a round / Dont worry about the army / In the cold cold ground / Now dont be a cry baby / When theres wood in the shed / Theres a bird in the chimmney / And a stone in my bed / When the roads / washed out / They pass the bottle around / And wait in the arms / Of the cold cold ground / Cold cold ground / Theres a ribbon in the willow / And a tire swing rope / And a briar patch of berries / Takin over the slope / The catll sleep in the mailbox / And well never go to town / Til we bury every dream in / The cold cold ground / Cold cold ground / Gimme a winchester rifle and a whole box of shells / Blow the roof off the goat barn / Let it roll down the hill / The piano is firewood / Times square is a dream / I find well lay down together in the cold cold ground / Cold cold ground / Cold cold ground / Call the cops on the breedloves / Bring a Bible and a rope / And a whole box of rebel / And a bar of soap / Make a pile of trunk tires / And burn em all down / Bring a dollar with you baby / In the cold cold ground / Cold cold ground / Take a weathervane rooster / Throw rocks at his head / Stop talking to the neighbors / Til we all go dead / Beware of my temper / And the dog that Ive found / Break all the windows in the / Cold cold ground / Cold cold ground.


"Tres"
Collage: Max


Coordinado por Antonio José Navarro

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Manuel de la Fuente: "Springsteen: el rayo que no cesa"

Sentado frente al televisor, Bruce apuraba las horas de la tarde de un domingo cualquiera («aprendí más con una canción de tres minutos en el tocadiscos que con muchos días de escuela», cantaría años después) como cualquier chaval americano de pueblo, como cualquier crío de apenas nueve añetes de una familia humilde y obrera de un suburbio cualquiera de cualquier estado de la Unión. Su padre, Douglas Springsteen apuraba otra cerveza y hacía cuentas para ver si por una vez llegaban holgadamente a fin de mes. Douglas comenzó a escuchar golpes sincopados y tarareos que venían del cuarto de estar. Fue hacia allí y no dio crédito a lo que veía. Su hijo Bruce, con los ojos clavados en el televisor y bailando y chillando como un poseso. En la pantalla, un tipo de apenas veintidós años no paraba de cantar apasionada y visceralmente y de contonearse como un negro. Aquel chavalín de nueve años acababa de tener su visión, la visión del sueño a la que todo americano, por pobre, rutinaria y desesperanzada que sea su existencia, tiene derecho. «Cuando vi a Elvis, supe que el rock and roll iba a ser mi vida y mi futuro», contaría años después.
Mucho ha llovido desde que Presley cambiara el curso de la historia de la canción popular, pero aquella música (del demonio, decían) sigue viva y coleando gracias a otros artistas que recogieron el testigo, que siguieron avivando el fuego de la hoguera, que aprendieron la ciencia y la esencia de las enseñanzas del genio de la pelvis inquieta. Artistas como el Springsteen que ayer se vio en el Palacio de los Deportes, un Springsteen que a sus 58 años sigue interpretando la vitalidad y el descorche de sentimientos de un género que en sus manos y en su voz (y en la de los chicos de la E. Street Band, la tuneladora particular del rock and roll que Bruce comanda) casi se antoja inmortal, todavía rebelde, y enormemente saludable y emotivo.
Andanada de órdago
Lo de anoche no tiene nombre. O sí: concretamente varios: Bruce, Steve, Clarence, Roy, Sophie, Max, Charles y Garry, los ocho rockeros que ayer se cenaron a las quince mil almas (y un solo corazón) que atestaban el coliseo de la Avenida de Felipe II. Un escuetísimo «Hola Madrid», y Bruce y los suyos que se lanzan al ataque de frente y por derecho con la pirmera andanada de órdago (a la grande, que el «Boss» no es jugador de chica): «Radio nowhere» («quiero guitarras, quiero baterías contundentes, quiero ritmo, ritmo»), una versión escalofriante del clásico «No surrender» («Como camaradas en la trinchera, con un causa que defender, no retroceder, nena, no darnos por vencidos»), «Lonesome day», y la armónica polvorienta (sabor de cactus y dunas) de «Gypsy byker», o «Magic» en una versión sombría, trufada de espiritual. Una tanda de canciones interpretadas con el coraje y la precisión habituales en Bruce y los suyos, que el Jefe cierra con una desgarrada y trémula «Reason to believe» («A veces, es difícil saber cómo al final del día, la gente aún encuentra alguna razón para creer»), en clave de blues.
El torrente emocional y musical del escenario era respondido por un público metido en faena y que se las sabe todas y al que Bruce le da lo suyo, le da su auténtico merecido con un ramillete de viejas tonadas maravillosas, carne de nuestra carne, como «Darkness in the edge of town», «Candy's room» y «She's the one», que dejó paso a una de esas piezas, «Livin in the future», con las que Bruce está ajustando cuentas con ciertas políticas de su nación: «Hay cosas que están pasando en América, como la pérdida de derechos civiles y las guerras innecesarias que nos duelen en nuestro corazón de americanos y de ciudadanos del mundo. Así que a luchar».
Las flechas del amor
Éste fue el único discurso de Springsteen en toda la noche, porque el rock and roll prometeico e incendiario pedía paso con «The promised land» («Señor, ya no soy un niño, soy un hombre que cree en la tierra prometida»), antes de adentrarse en el «Tunnel of love», y declarar altanero y enamoradísimo en «I'll work for your love» . «Working in the highway» (otro clásico), «Devil's arcade», «Last to die» y «Long walk home» llevaron de nuevo a los espectadores hacia los infiernos personales (y nacionales) de Bruce, que tras dos horas seguía hecho un toro (de Osborne) plantado en las autopistas del rock, un rayo que no cesa.
Apenas un minuto de descanso y «Girls in the summer clothes» («para las chicas de Madrid», y «para una chica de Nueva Jersey», la ausente Patti, sin duda), antes de dejar maltrechos los corazones, aventados los recuerdos, y deshilachada la memoria con «Badlands», «Thunder road», «Born to run», «Dancing in the dark» y «American land», esa tierra americana que siempre es el paisaje favorito de las canciones de Bruce Springsteen. Esa tierra que anoche, una vez más, nos abrió de par en par y por la que volvió a ser guía y cicerone, montado a lomos de ese caballo de las películas de John Ford, ese caballo negro al que llamaron, y seguimos llamando, rock and roll.

ABC

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Ricky Nelson: "Cindy"

("Rio Bravo" de Howard Hawks)

(Para F. F-G.)

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Rolling Stones: "Hot Stuff" (1976)

Que me piro. Que no os deis al vicio como los crápulas de los Stone. Que hagáis algo de deporte, no bebáis, no fuméis y mucho menos, folléis. Un buen libro es lo mejor y por ello me atrevo a recomendaros algo de monseñor Escrivá de Balaguer y si no encontráis nada, con el “Clic” de Milo Manara ya nos bastaría. Muchos besos.


"Dibujillos en mesa de bar de sábado tarde"


En reconocimiento a estas jóvenes artistas que soportan, a veces, a estos pesados que mientras ellas se dedican al noble arte del dibujo, no paran de pedir cañas. Por cierto, a ver cuando os independizáis, no creáis que vamos a sacaros de garito en garito hasta los 20. Hala guapas, besos.


Autora: Lu

Autora: Alicia

Autoras: Laura & Sara

Autora: Laura


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Extrechinato y tú: "Juguete de amor"

Anoche pasé frío y me desenamoré un poco.
Anoche pasé frío y fui poeta.
Anoche, mientras mi carne se helaba
y mi alma en mi cuerpo se escondía,
vi como mi amor para ti
era un juguete pasado ya de moda que ya nada valía.
Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alefándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas.
Y estaré allí donde ya nada vale nada
hasta que algún día una dulce gitanilla,
con mocos y pecas en la cara,
limpie con su manga grasienta
la suciedad que la sociedad pegó a mi alma;
y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
¡Que importa que me engañes si luego me sonríes!
¡Qué importa ser poeta o ser basura!
Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma...
Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.


"Pompidou"

Collage / foto: Max
(Para Ana)


Annie Leibovitz: "Yggy Pop"

Annie Leibovitz: "Yggy Pop", Miami, Florida. Silver print.


Carlo Frabetti: La degeneración de “La Bola de Cristal”
Como creador y guionista del programa La bola de cristal, quiero expresar la profunda indignación que he sentido ante el artículo de Leire Pajín titulado La generación de “La bola de cristal” (Público, 30 10 07), en el que la autora identifica a los seguidores de dicho programa con las huestes de Felipe González.
Además de indignación, sentiría auténtica zozobra si pensara que, efectivamente, La bola de cristal pudiera haber contribuido a gestar una generación de seudodemócratas dispuestos a justificar la corrupción y el terrorismo de Estado en nombre del orden y el “progreso”. Pero afortunadamente no es así: en los últimos años he tenido la enorme satisfacción de conocer a muchos jóvenes que se declaran herederos de La bola de cristal, y es la primera vez que me encuentro con una “hija” que lo único que parece haber aprendido del programa es el grito de guerra de la bruja Avería: “¡Viva el capital!”.
(Rebelión)

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Manuel de la Fuente: "Steve Earle hace el amor y sigue sin hacer la guerra"

Ya no parece tan fiero, por esas cosas del amor. Pero si usted coincide con este virginiano (aunque sus abuelos le metieron los pies en barro texano nada más nacer), mejor que eche mano al cinto. Steve Earle es un tipo duro. Un forajido de leyenda, la misma leyenda que se llevó por delante a otros cowboys del pentagrama como Gram Parsons, Hank Williams y Townes Van Zandt.
No, no hay que andarse con bromitas cuando se está ante carne de presidio por posesión de drogas. Yendo al grano, no sólo las poseía, también se las echaba al coleto. Cuentan que la cárcel le salvó la vida pues salió adelante tras cuatro años en un programa de rehabilitación. Pero Earle no sólo tenía la garganta y la vena profundas, sino también la guitarra afilada y la lengua larga: «Que le den por c... al FBI, que le den por c... a la CIA... viviendo en la hija de p... de los Estados Unidos...», cantaba en un corte de «The revolution starts now», su anterior álbum, parido en plena efervescencia anti-Bush de la izquierda americana.
Steve es un colega que ha bebido el country a morro en la misma botella de «Jack Daniels» que Merle Haggard, Willie Nelson, Waylon Jennings y Johnny Cash. Y de remate unos cuantos tragos de Dylan, de Woody Guthrie, unos tequilas de rebeldía, y una voz más polvorienta que el desierto de Mojave. Un vaquero que canta con las entrañas, con el corazón y las tripas sobre la guitarra. Uno de los músicos más personales e intransferibles, un Dylan enfurecido, un Bruce roto por la ira, que publica ahora un nuevo álbum, «Washington Square Serenade», intensísima colección de canciones hechas con sangre, sudor y lágrimas, canciones para esa América que no vive pendiente, precisamente, de Wall Street.
«Estaba bastante desesperanzado sobre la situación política de mi país en los últimos años -recuerda ahora el músico-- y me planteé seriamente marcharme a otra parte. Pero entonces me di cuenta de que no tenía que dejar el país. Todo lo que tenía que hacer era marcharme a Nueva York». Dicho y hecho. Y para celebrarlo, este nuevo disco, a la venta a partir de hoy.
Felizmente casado (a juzgar por la sobredosis de romanticismo de varias de las canciones) con la también cantante y compositora Allison Moorer que lo acompaña en varias piezas (brutal el contraste entre la voz virginal de Allison y la voz arenosa de Steve), Earle no sólo se ha instalado en Nueva York, sino que vive en la misma calle en la que se hicieron las famosas fotos del «The Freewheelin» de Dylan en 1962, con Bobby y su novia de entonces, Suze Rotolo, tiritando de frío.
Un sonido acústico, pero afilado y lacerante, sirve de soporte a este magnífico puñado de canciones. Varias de ellas bailan dulce y cálidamente sobre la cuerda del amor (con declaraciones de ardor romántico del tipo, «Ella bendice todo lo que mira...» u «Otro día que se nos escapa amor mío, los días no son nunca lo suficientemente largos...».
Pero tampoco faltan piezas más sociales (en las que Steve tiene pegada de peso pesado), como «City Of Inmigrants»: «Vivo en una ciudad de inmigrantes y no necesito viajar, sólo con abrir la ventana el mundo entra por ella. Vivo en una ciudad donde los sueños de los hombres crecen hasta tocar el cielo». O como el festivo homenaje a Pete Seeger en «Steve´s Hammer», en alusión a la conocida canción del abuelo Pete, «Si yo tuviera un martillo...». Steve se compromete a dejar el martillo tranquilo, pero eso sí, «cuando no haya más hambre, ni terror, cuando las guerras terminen, cuando los océanos estén limpios....».
Steve Earle está feliz, con sus barbas a lo Ginsberg, con su chica Allison, y con la cosmopolita y vitalista ciudad de Nueva York. Parece que Cupido ha suavizado al asilvestrado Earle, pero no se engañen, en su nuevo álbum, el gran rockero norteamericano es un lobo con piel de cordero. El forajido de leyenda ha vuelto. Y hace el amor (y las canciones) y sigue sin hacer la guerra.


La cosecha produce el doble de beneficios que el narcotráfico en Colombia

Estados Unidos cultiva ilegalmente más de diez mil toneladas al año de marihuana

BBC/Rebelión

Estados Unidos está dejando de ser un consumidor de drogas ilícitas, para convertirse en un importante productor. BBC Mundo visitó California, el principal estado cultivador de marihuana en ese país, para investigar el fenómeno.

El capitán Kevin Mayer, del Servicio Forestal de Estados Unidos, es uno de seis oficiales encargados de vigilar el Bosque Nacional de Sierra, una reserva natural de más de un millón de hectáreas a mitad de camino entre las ciudades de Los Angeles y San Francisco.
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