No estaría mal que los fabricantes de coches en vez de incluir en sus unidades de locomoción tanto juguetito estúpido pusiera algún invento que limpiara las ventanas laterales a todos todos esos capullos que cuando llueve solo se miran la polla (o el móvil) mientras conducen y que son un peligro para los que vamos en moto o bici.
Ayer uno de estos tipos me mandó otra vez al puto asfalto y el sinverguenza ni paró el coche. Todo esto viene a cuento porque hoy, debido a que tengo que enderezar el manillar de "La Vespa del Tio Peri" he venido al curro en mi bus preferido, el 110. Y mira por donde he vuelto a encontrarme a mi chorizo particular de línea de autobús. Este elemento se dedica a robarle el bolso, o lo que puede, a las viejecitas que usan esta línea para ir al ambulatorio de la calle Ricardo Ortíz. Ya lo descubrí un día con las manos en la masa y delante de todas las personas que viajaban en el bus me amenazó con hacerme esto, lo otro y lo de mas allá. Hoy me vió subir y yo le ví dentro. Me pongo a leer mientra lo vigilo con el rabillo del ojo...y vuelta a empezar. Aviso a la viejecilla (ya tenía el bolso abierto) y el raterillo de poca monta (español, 50 años mas o menos, y malencarado) se revuelve contra mi: "Ya te lo dije ijoputa, te voy a rajar de arriba abajo" Y se baja en la parada anterior al ambulatorio. El soplapollas. O sea que si queréis besarme daros prisa porque con gente así en el bus cualquier día de esto le pego un par de soplamocos y tengo que pasarme tres o cuatro meses en un calabozo. (Por lo menos no veré al Alipende del Ahorramás). Salud, compañeros del metal.