Déjame que esparza / manzanas en tu sexo / néctares de mango / carne de fresas.
Tu cuerpo son todas las frutas. / Te abrazo y corren las mandarinas; / te beso y todas las uvas sueltan / el vino oculto de su corazón / sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos / el zumo dulce de las naranjas / y en tus piernas el promegranate / esconde sus semillas incitantes.
Déjame que coseche los frutos de agua / que sudan en tus poros. / Mi hombre de limones y duraznos, / dame a beber fuentes de melocotones y bananos / racimos de cerezas.
Tu cuerpo es el paraíso perdido / del que nunca jamás ningún Dios / podrá expulsarme.
(Gioconda Belli, Managua 1948)
(Enviado por Alicia Rosales)