¿Se le pueden reprochar a Günter Grass actitudes de mal gusto? Indudablemente, sí. Por ejemplo, en una larga entrevista concedida a la Süddeutsche Zeitung del 9 de julio último, al elogiar a un futbolista de origen argelino, no se le ha ocurrido nada mejor que decir de él que “parece alemán”.Incluso en las mejores cabezas permanecen arraigados los viejos prejuicios. Pero no precisamente el haber tratado de ir como voluntario, a los 15 años, en un submarino.
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