No pasa de ser una broma de mal gusto la pretensión de que el reciente acuerdo alcanzado entre la vicepresidenta del Gobierno y los jerarcas de la Conferencia Episcopal Española en relación a la financiación de la Iglesia Católica a través del IRPF abre el camino hacia su autofinanciación. Para empezar, tiene bemoles que se hable de «abrir el camino» de la autofinanciación de la Iglesia Católica española en 2006, cuando la Santa Sede se comprometió en 1979 (¡en 1979!) a lograr ese objetivo en el más breve plazo. ¡27 años para dar el primer paso! Pero es que, además, ese paso es ridículo. El Estado no pagará a la Iglesia Católica partir de 2007 el llamado «complemento presupuestario» (asignación directa), pero a cambio aumentará en un 34% el porcentaje de lo que le asigna a través del IRPF.
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