De E. Rodríguez Marchante: «La dalia negra»: De Palma, Ellroy, Scarlett: partículas elementales
Si el cine y las matemáticas tuvieran algo que ver, esta película, «La Dalia Negra», sería tan irreprochable como un teorema. En realidad, el cine ni siquiera tiene la fiabilidad de un cóctel: los ingredientes no garantizan el conjunto. «La dalia negra» es un cóctel cuyo ingrediente básico está en la novela de James Ellroy, una historia negra e íntima, medio arrancada de su memoria y de sus entrañas y que la escribió, tal vez, para afilarse las uñas antes de emprender la hazaña de «Mis rincones oscuros», la catarsis literaria sobre el asesinato de su propia madre.
Aunque quizá el ingrediente principal sea que ha puesto las manos sobre la historia Brian De Palma, un director irregular pero en cualquier caso muy guerreado en batallas contra el «thriller», y lo que se cuenta aquí es la quintaesencia de ese género: un asesinato sin aclarar, una pasión sin resolver, una amistad sin decidir, una cuentas pendientes sin zanjar... y todo ello, apretujado dentro de un triángulo, el que forman dos policías, o dos amigos, o dos adversarios, y la mujer de uno de ellos. Si lo negro oliera, olería exactamente a esto.
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