Título original: “A bout de souffle”. Producción: Les Films de Georges de Beauregard (Francia). Director: Jean-Luc Godard. Argumento: François Truffaut. Guión: Jean-Luc Godard. Fotografía: Raoul Coutard. Música: Martial Solal. Montaje: Cácile Decugis. Sonido: Jacques Maumont. Asesor técnico: Claude Chabrol. Intérpretes: Jean Seberg, Jean-Paul Belmondo, Henri-Jacques Huet, Van Doude, Daniel Boulanger, Claude Mansard, Liliana Robin, Michel Fabre, Jean Domarchi, Richard Balducci, Roger Hanin, Jean-Pierre Melville, Jean-Luc Godard. 1959, Blanco y negro. 89 minutos.
Una de las obras más emblemáticas de la Nouvelle Vague y del propio Godard. Se trata no solo de un homenaje al film noir, sino de un ensayo de nueva narrativa cinematográfica. Se puede hablar de un antes y un después de A bout de soufflé.
Basada en un suceso real, recogido por François Truffaut, y con el asesoramiento técnico de Claude Chabrol , Godard concibió su primer largometraje saltándose las reglas de las sintaxis tradicional. Aquí cuenta la historia de un marginado de la sociedad moderna, amante del cine negro americano, que encarna la constante principal de este autor: la liberación como meta, en una existencia sin orden, reglas ni sentido aparente. El protagonista es un joven parisino a la deriva, Michel- erróneamente calificado de anarquista-, que sería traicionado por su amante, Patricia- una norteamericana, aspirante a escritora-, para demostrarse a si misma que no le amaba.
En su ensayo sobre Jean-Luc Godard, Román Gubern lograría sintetizar la postura de aquel “egocéntrico conformista” y su autor fílmico: “La provocación del film, está en todo caso, en su atroz pesimismo y en su desenvuelta escritura. La náusea ante la vida y las relaciones humanas, la traición de Patricia , la insensatez de cualquier alternativa, la inutilidad de todo esfuerzo, el repliegue desesperado sobre el Yo y su fracaso. La película revela, por parte de Godard, una visión ferozmente triste y pesimista de las relaciones humanas y del orden social. Es este y no otro el verdadero alcance ideológico del film, con unas propuestas que encontrarían el natural eco en el publico joven y en el menos joven, Godard se identifica con Michel, pero sin duda lo “denuncia” también moralmente. Godard es Michel y su denunciante a la vez (pues aparece como tal en la película). No es un juego sutil sino una autocomplacencia masoquista, una forma total de repudio del mundo incluyendo a sus propias criaturas intelectuales. La forma más elevada de repudio, nausea y desesperación. Como le dice Michel a Patricia en el film, entre la pena y la nada elige la nada”. (Cfr. Godard polémico. Barcelona: Tusquet, 1969, p. 54).
Sin embargo, las aportaciones a la estética del cine son todavía mas interesantes. Asi las comentaría J. M. Sesé: “Si hay algo verdaderamente rupturista es la forma de plasmar en imágenes lo que cuenta. La discontinuidad preside todo el relato. Godard rompe constantemente la continuidad tradicional en el montaje de las escenas y el raccord entre planos. Las elipsis son tajantes, al igual que los choques entre las distintas imágenes. Se pasa de un plano general a un primer plano sin mediar transición. Un bombardeo de imágenes que puede llegar a brumar al espectador y producir incomodidad. No se dejan terminar las escenas y se salta de plano sin criterio aparente, lo que denota cierta improvisación. El encuadre, entendido al modo clásico, no escapa de este afán innovador. La cámara se presenta inestable, cogida al hombro en muchas ocasiones, captando ángulos inverosímiles que llegan a producir angustia”. (El cine en 111 películas. Madrid: Eiunsa, 1998, p. 22). (Texto de José María Caparrós Lera. “Historia del cine europeo” –De Lumière a Lars von Trier- Rialp, Libros de Cine.)
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