CAHIERS DU CINEMA Nº 4, "Paula", "Buenos días nos dé Dios" (J. Ortiz) y "El Jefe siempre tiene razón" (M. de la Fuente)

EDITORIAL
Genealogías
Carlos F. Heredero
APERTURA
Bergman / Antonioni. El eclipse de la modernidad
José Enrique Monterde
GRAN ANGULAR
Eric Rohmer: El romance de Astrea y Celadón
Entrevista. Carlos F. Heredero
Crítica. Carlos F. Heredero
Óleos, colores y referencias pictóricas. Antonio Santamarina
La verdad está en el texto. Àngel Quintana
José Luis Guerín: En la ciudad de Sylvia
Entrevista. Gonzalo de Lucas, Carlos Losilla, Ángel Quintana .
Crítica. Carlos Losilla .
Un itinerario. José Luis Guerín .
Los puntos cardinales. Gonzalo de Lucas .
Intuición de deseo. Pilar Ribal
Erice-Kiarostami / Exposición en el Beaubourg
Alumbramiento (sobre las cartas-vídeo). Carlos F. Heredero .
Cartas a V. Erice y A. Kiarostami. Alain Bergala .
Inventario y premonición. Asier Aranzubia
SCANNER
Una lección de cine (Ingmar Bergman)
Adrian Martin
CUADERNO CRÍTICO
Los testigos (André Techiné). Jean-Michel Frodon
Caótica Ana (Julio Medem). Carlos Reviriego
Election 2 (Johnny To). Roberto Cueto
Haispray (Adam Shankman). Jaime Pena.
El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass). J. M. López Fernández
Ratatouille / Los Simpson. Sergi Sánchez

"Paula"
Autor desconocido
El Estado español no se proclama laico, pero sí aconfesional. Es lo que viene a deducirse del artículo 16 de la Constitución, que es, por cierto, uno de los más confusos de ese texto legal, ya de por sí proclive a lo confuso. (Dice: «Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española». ¿Y de dónde se sacaron los constituyentes que la sociedad española, en tanto que tal, tiene creencias religiosas? ¿Y a qué obliga, en concreto, «tener en cuenta»? ¿No es tan posible tener en cuenta para bien como para mal? Etcétera.)
El Estado español pretende que es aconfesional, digo.
Madrugador impenitente (y la broma del adjetivo no es broma, en este caso), muchas mañanas, poco antes de que den las 6, me toca oír en Radio Nacional de España, que no escuchar, un miniespacio que se autotitula «Buenos días nos dé Dios», en el que algún señor, por lo común sacerdote, siempre católico, se echa una parrafada proselitista digna de cualquier púlpito. ¿A cuento de qué? ¿Por qué, si el Estado se define como aconfesional, la audiencia de la radio de titularidad pública, a la que no hay por qué atribuir de antemano ninguna creencia religiosa, debe ser sometida (y además en ayunas) a ese intento sistemático de adoctrinamiento? No veo que haya nada que lo justifique pero, de haberlo, debería aplicarse por igual a las diversas confesiones religiosas y, ya de paso, también al gremio de los agnósticos y ateos, a los que podrían asignarnos el espacio «Buenos días no dé la vida… y no Dios, que no existe».
La explicación de tan irritante costumbre, sin correspondencia en «los países de nuestro entorno» (que es como nuestros gobernantes llaman a la Europa rica, olvidándose de que Marruecos, Argelia y Túnez también están en nuestro entorno), hay que buscarla en algo tan simple como que siempre ha sido así. La Radio Nacional de España actual lo heredó de la Radio Nacional de España franquista, y ninguno de sus directivos, desde 1977 hasta hoy, ha tenido la sensatez y el espíritu libre necesarios para quitar de su programación diaria el absurdo sermón sectario.
Habrá a quien le parezca que la reflexión está traída por los pelos, pero a mí esto del «Buenos días nos dé Dios» me parece un excelente reflejo de cómo fue la tan alabada Transición de la dictadura del 36-76 al régimen parlamentario actual. A falta de ruptura, hubo montones y montones de hábitos y costumbres del franquismo que se mantuvieron en la España subsiguiente. O sea, en ésta.
Y ahí siguen.
Manuel de la Fuente: "El Jefe siempre tiene razón"
La verdad es que a él nunca le ha gustado un pelo que le llamen así, pero no es cuestión de ir poniendo a cada párrafo Bruce Frederick Joseph Springsteen, su nombre de pila (católica). Lo que importa es que rockanrroleramente hablando, el «Jefe» siempre (o casi) tiene razón. Y a partir del 2 de octubre, más aún. Porque ese día se publica su nuevo disco, «Magic», el primero en cinco años junto a la E. Street Band, producido por Brendan O´Brien, quien fue precisamente el suertudo que a finales de 2006 escuchó de primera mano estas espléndidas canciones.Desde el 11-S y todo lo que vino después (Afganistán, Irak, las elecciones de 2004 y la reelección de Bush), la música de Springsteen nunca fue la misma. «The rising» (2002) y «Devil and dust» (2005) fueron la expresión del ánimo del «Boss» en aquellos tiempos. Tiempos duros para el ciudadano Springsteen (que llegó a hacer campaña político-musical a favor del demócrata Kerry), tiempos de decepción para el patriota y el genial retratista de la América olvidada y currante. Pero la madurez también tiene sus ventajas. Y Bruce encontró un magnífico brebaje, una deliciosa medicina para pasar aquel trago. Volver al cancionero tradicional a través de la música del abuelo Pete Seeger, héroe de la canción protesta norteamericana.
Purificado en las aguas cristalinas de la tradición, Bruce Springsteen ha echado el resto en «Magic». Qué decir de la E. Street Band, esa tuneladora del rock and roll. Y qué decir de estas canciones. Fuego graneado sobre los corazones. Rock and roll que resurge una y otra vez de sus cenizas. Desde el bravío y callejero primer sencillo «Radio Nowhere», hasta la misteriosa pieza que da título al disco y en la que Bruce se hace pasar por un Houdini algo siniestro: «Tengo un conejo en la chistera... y puedo cortarte por la mitad. En el camino, atardece lentamente. Hay cuerpos colgando de los árboles. Eso es lo que sucederá». Pasando por la energía de «You´ll Be Comin´ Down»; el vacile a lo «Hungry Heart» de «Livin´ in the Future»; el pesimismo de «Your Own Worst Enemy» («Tu peor enemigo ha llegado a la ciudad, y su bandera ondea en lo más alto del cielo»); la luz crepuscular de «Gypsy Biker», armónicas y guitarras afiladas como los colmillos de una cascabel; o cuando Bruce se pregunta quién será el próximo en morir por un error (¿el Katrina, Irak, las Torres Gemelas?) en «Last to die».
Verdad y poesía
Pero hay tres títulos que por sí solos convierten este «Magic» en imprescindible. En ellos, probablemente esté condensada toda la sabiduría, la delicadeza, la poesía y la verdad del cantautor Springsteen. Por orden de aparición: «Girls in Their Summer Clothes», una de las piezas de más enjundia jamás escritas por Bruce (ni por casi nadie). Tiene razón Jon Landau, bastaría más, porque aquí hay ecos de los Beach Boys (de Brian Wilson, mayormente), y de Elvis, y de Phil Spector, y de Natalie Wood en «Esplendor en la yerba»... Un paisaje sonoro que huele a tormenta de septiembre y a tierra mojada, que huele a final del verano, a la tristeza de no saber si al año siguiente seguiremos juntos, que huele eternamente romántica: «Y las chicas con sus vestidos de verano, cuando refresca al atardecer. Las chicas con sus vestidos de verano pasando a mi lado». Y si el aficionado recupera el aliento que se prepare para otra dosis: «I´ll Work for Your Love», una canción de amor de las de antes, de las de siempre: «Lucharé por nuestro amor, cariño. Otros quizá prefieren ser libres, pero yo lucharé por nuestro amor». Y de remate, un himno patriótico, repleto de orgullo (la América de la Primera Enmienda y el compromiso con los Derechos del Hombre), y de rabia: «Long walk home». «El camino a casa va a ser largo, cariño, no me esperes levantada. Nuestra bandera ondea en el palacio de justicia y eso significa mucho, significa cosas que están grabadas en piedra. Quiénes somos, qué haremos, y lo que no queremos».
Mientras quede una vieja Fender como la de Bruce, aquí seguiremos vivitos y rockanrroleando. O como él dice, «no retreat, no surrender», sin retroceder, sin darnos por vencidos


AltoVolta dijo
A las buenas, compañero. ¿qué tal vamos? ¿Bien esas noches blancas? Al Delafú le tenía que dar Bruce el carnet de oro y diamantes, como la Laureada de Raúl. Saludos
24 Septiembre 2007 | 12:47 PM