Manuel de la Fuente: "Steve Earle hace el amor y sigue sin hacer la guerra"
Ya no parece tan fiero, por esas cosas del amor. Pero si usted coincide con este virginiano (aunque sus abuelos le metieron los pies en barro texano nada más nacer), mejor que eche mano al cinto. Steve Earle es un tipo duro. Un forajido de leyenda, la misma leyenda que se llevó por delante a otros cowboys del pentagrama como Gram Parsons, Hank Williams y Townes Van Zandt.
No, no hay que andarse con bromitas cuando se está ante carne de presidio por posesión de drogas. Yendo al grano, no sólo las poseía, también se las echaba al coleto. Cuentan que la cárcel le salvó la vida pues salió adelante tras cuatro años en un programa de rehabilitación. Pero Earle no sólo tenía la garganta y la vena profundas, sino también la guitarra afilada y la lengua larga: «Que le den por c... al FBI, que le den por c... a la CIA... viviendo en la hija de p... de los Estados Unidos...», cantaba en un corte de «The revolution starts now», su anterior álbum, parido en plena efervescencia anti-Bush de la izquierda americana.
Steve es un colega que ha bebido el country a morro en la misma botella de «Jack Daniels» que Merle Haggard, Willie Nelson, Waylon Jennings y Johnny Cash. Y de remate unos cuantos tragos de Dylan, de Woody Guthrie, unos tequilas de rebeldía, y una voz más polvorienta que el desierto de Mojave. Un vaquero que canta con las entrañas, con el corazón y las tripas sobre la guitarra. Uno de los músicos más personales e intransferibles, un Dylan enfurecido, un Bruce roto por la ira, que publica ahora un nuevo álbum, «Washington Square Serenade», intensísima colección de canciones hechas con sangre, sudor y lágrimas, canciones para esa América que no vive pendiente, precisamente, de Wall Street.
«Estaba bastante desesperanzado sobre la situación política de mi país en los últimos años -recuerda ahora el músico-- y me planteé seriamente marcharme a otra parte. Pero entonces me di cuenta de que no tenía que dejar el país. Todo lo que tenía que hacer era marcharme a Nueva York». Dicho y hecho. Y para celebrarlo, este nuevo disco, a la venta a partir de hoy.
Felizmente casado (a juzgar por la sobredosis de romanticismo de varias de las canciones) con la también cantante y compositora Allison Moorer que lo acompaña en varias piezas (brutal el contraste entre la voz virginal de Allison y la voz arenosa de Steve), Earle no sólo se ha instalado en Nueva York, sino que vive en la misma calle en la que se hicieron las famosas fotos del «The Freewheelin» de Dylan en 1962, con Bobby y su novia de entonces, Suze Rotolo, tiritando de frío.
Un sonido acústico, pero afilado y lacerante, sirve de soporte a este magnífico puñado de canciones. Varias de ellas bailan dulce y cálidamente sobre la cuerda del amor (con declaraciones de ardor romántico del tipo, «Ella bendice todo lo que mira...» u «Otro día que se nos escapa amor mío, los días no son nunca lo suficientemente largos...».
Pero tampoco faltan piezas más sociales (en las que Steve tiene pegada de peso pesado), como «City Of Inmigrants»: «Vivo en una ciudad de inmigrantes y no necesito viajar, sólo con abrir la ventana el mundo entra por ella. Vivo en una ciudad donde los sueños de los hombres crecen hasta tocar el cielo». O como el festivo homenaje a Pete Seeger en «Steve´s Hammer», en alusión a la conocida canción del abuelo Pete, «Si yo tuviera un martillo...». Steve se compromete a dejar el martillo tranquilo, pero eso sí, «cuando no haya más hambre, ni terror, cuando las guerras terminen, cuando los océanos estén limpios....».
Steve Earle está feliz, con sus barbas a lo Ginsberg, con su chica Allison, y con la cosmopolita y vitalista ciudad de Nueva York. Parece que Cupido ha suavizado al asilvestrado Earle, pero no se engañen, en su nuevo álbum, el gran rockero norteamericano es un lobo con piel de cordero. El forajido de leyenda ha vuelto. Y hace el amor (y las canciones) y sigue sin hacer la guerra.
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peri dijo
«Jack Daniels», no me suena, no me suena...
«Otro día que se nos escapa amor mío, los días no son nunca lo suficientemente largos...»., me suena, me suena...
27 Septiembre 2007 | 02:47 AM